jueves, 11 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia


Empezaré diciendo que tengo una licenciatura en ingeniería civil, trabajé por doce años en una empresa paraestatal llamada Siderúrgica Nacional ubicada en Ciudad Sahagún Hidalgo en el departamento de obras civiles, en el año de 1992, por un reajuste de personal fui liquidado y puse un negocio en mi domicilio en la Ciudad de México en el que trabaje por cinco años, tiempo en el que pude convivir más con mi familia.
Durante los primeros cuatro años me fue muy bien económicamente hasta que se presentaron varias devaluaciones en el país y el negocio dejó de ser rentable. En el último año de este periodo de mi vida intente colocarme en un trabajo que me permitiera continuar cerca de mi familia, sin lograrlo. Un día platicando con una de mis sobrinas me dijo,”tío tu tienes habilidad para enseñar, ¿por qué no consideras la posibilidad de colocarte como maestro?”; resulta que yo asesoré a mis sobrinos cuando estudiaban a nivel bachillerato y a nivel profesional. Fue así como me decidí a dejar documentos en los Colegios de Bachilleres y Conalep más cercanos a mi domicilio. En Noviembre de ese mismo año ya estaba trabajando en las dos instituciones y hasta la fecha, por fortuna, lo sigo haciendo.

Son ya diez años que llevo trabajando como docente, en esta profesión en la que nunca me imagine, pero que por azares del destino estoy ejerciendo y pienso seguir haciéndolo ya que me agrada muchísimo y porque los comentarios sobre mi trabajo, a nivel alumnos y a nivel autoridades, son para mí muy alentadores.
El trabajo como docente me ha permitido convivir con personas de diferentes edades, conocer su manera de pensar, sus gustos, sus costumbres y esto me ha ayudado a comprender mejor a mis hijos, a mejorar como persona, me ha permitido también a ayudar a otros, influir en su manera de ver la vida.
Cuando me he llegado a encontrar con los que fueron mis alumnos, en la calle o en el transporte y me cuentan que ya están estudiando la licenciatura y alguno de ellos me dice que yo logré despertarle el gusto por la Física, me llena de satisfacción el enterarme que mi trabajo ha dado fruto.

Aunque no todo es alegría, hay ocasiones en que me invade un sentimiento de tristeza o de insatisfacción porque no consigo facilitar el aprendizaje a todo el grupo o por no haber sabido manejar determinada situación en el salón de clases y por mí falta de tacto incomodé a uno o más alumnos.

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